Hace muchos años trabajé como demostradora de una marca reconocida de cosméticos para Farmacias Guadalajara, por lo cual iba de sucursal en sucursal con toda mi presencia arreglada divinamente, empoderada y sexy. Uno de esos días mientras me trasladaba sentí un agudo dolor sonoro que me recorría la tripa y me quitaba la fuerza de los brazos y los muslos. Llegué a la siguiente sucursal en turno con la respiración entrecortada y apretando bien las nalgas y las piernas, pedí permiso para usar el baño recorriendo el laberinto de anaqueles repletos de medicinas; al abrir la puerta mis ojos encontraron al fondo entre la penumbra el trono deseado apenas iluminado por la tenue luz que venía del pasillo, cerré la puerta sin prender la luz me Vi inmersa en completa penumbra, confiando en mi memoria que ya había calculado los pasos para llegar bajé mis pantalones y sin poderlo controlar mi cuerpo cedió ante la presión y soltó todo con seguridad de estar en el lugar deseado, que desde un nivel más alto iba buscando poco a poquito el asiento del baño… Entonces al sentarme me dí cuenta que la tapa del retrete estaba abajo. PVDM
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